JACINTO BENAVENTE (Amigo)
Jacinto Benavente fue otro de sus autores. Consideraba que la producción teatral de don Jacinto estaba a cien codos del resto de las obras que se estrenaban por aquel entonces. Llegó a tener con él una una excelente amistad y le dedicó una adivinanza rimada y descriptiva en el año 1929, con motivo de un festival celebrado en el Teatro de la Comedia. Benavente, por su parte, siempre defendió el teatro de Jardiel en sus artículos teatrales.
RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN (Enemigo)
Ramón María del Valle-Inclán hizo unas ofensivas declaraciones afirmando que no había oído hablar nunca de ningún hombre llamado Jardiel Poncela, ni sabía ni le importaba en absoluto quién pudiera ser tal señor.
Jardiel dio entonces el apelativo de «Valleinclán» a uno de los personajes de su novela ¡Espérame en Siberia, vida mía!
En ella, Celedonio Carrasca, alias el «Valleinclán», es un dronista, o sea: un ladrón que roba a sus víctimas en los descampados. Pertenece a la «Unión General de Asesinos sin Trabajo» y se dedica a perseguir al protagonista para matarle. No obstante no le saldrán bien las cosas y será él quien muera a manos de su perseguido de una manera bastante ridícula. El protagonista contrata a una prostituta y obliga al «Valleinclán» a punta de pistola a que desfogue con ella sus energías repetidas veces.
Al decimocuarto intento, el asesino sufre un colapso y muere. Cuando los periódicos dan la noticia, afirman que un novelista español le ha copiado el mote al asesino. Esta es la manera en que Jardiel responde al desprecio del que había sido objeto.
FEDERICO GARCÍA LORCA (Amigo)
Ambos coincidían mucho en los cafés y se profesaban un respeto mutuo. Solían bromear sobre muchos aspectos del arte de vanguardia y, refiriéndose a todo el cúmulo de autores de la generación a la que ambos pertenecían, es conocido el hecho de que Lorca, siempre que se encontraban, le decía a Jardiel:
–De todo esto, sólo quedaremos tú y yo.
La última conversación que mantuvieron ambos se desarrolló en el Teatro Cervantes. Y, como reafirmaría Jardiel muchas veces, Lorca no estaba metido en política y ni siquiera hablaba nunca de ella. Tampoco lo hizo en aquella ocasión, aunque el inminente enfrentamiento de las «dos Españas» machadianas estaba en el aire y ése era el principal y obsesivo tema de conversación de todos.
«Cuando me encontré con él, le encontré igual que siempre: afectuoso, cordial, alegre, anecdótico, brillantísimo en su conversación, rebosante de proyectos (sólo artísticos), de imaginación y de la más fina gracia y el más alto sentido del humor. [...] Lorca me estuvo contando un episodio saladísimo al que él le añadía su cernida sal propia. De las cartas que cruzaba con su novio una criada suya. En aquellos momentos cualquier fanático hubiera dicho que «no estaban las cosas» para hablar de criadas, por muy graciosas que fueran.»
Cuando supo la muerte de Federico, le pareció imposible, por absurda y Jardiel acusó después duramente al franquismo de haber silenciado entonces la muerte de Lorca y no haberla lamentado oficialmente, cometiendo, al par que un asesinato, una inmensa injusticia artística y literaria. Afirmó, además, que no había ideología que mereciera que se le sacrificaran tales víctimas.
«En el maremágnum granadino comprendido entre los días 19 al 23 de julio, se nos había hundido Federico a sus amigos y admiradores, a España y a la Poesía castellana. Quien no maldiga la política capaz de crear esos caos, es un mal nacido.»
MIGUEL MIHURA (Enemigo)
Otro caso digno de conocerse, es el hecho de que –según Jardiel afirmó en un «Prólogo» a una de sus novelas– su antiguo amigo Miguel Mihura –que entonces firmaba Miguel Santos– había logrado cosechar para sí bastantes elogios con páginas escritas por el propio Jardiel.
K-Hito, director de Gutiérrez, le instó en repetidas ocasiones a que suprimiera esa acusación de su «Prólogo». Pero Jardiel, que consideraba el plagio como un delito mayor, no quiso hacerlo:
«La contumacia con que Santos viene utilizando en sus cuentos aquellos resortes, sorpresas, trucos, giros, mecanismos, equivalencias y desplantes que yo ideé para mis propios cuentos, me obliga ya a decirlo en público, pues necesito tranquilizar mi espíritu, conturbado por la idea de que algún día surgiese un lector nuevo que, desconociendo mi labor antigua, llegare a suponer que era yo el influido por Santos, lo que me sería intolerable. [...] Ni llevo mala fe, ni he pensado nunca en hacer a Santos la trepanación: simplemente defiendo lo que es mío.»
PEDRO MUÑOZ SECA (Amigo)
Mostró siempre gran respeto por Pedro Muñoz Seca, quien para él había tenido aciertos definitivos y perdurables. Le defendió de los críticos que le atacaban y tuvo muchas conversaciones con él sobre técnica teatral en los saloncillos de los teatros.
«AZORÍN» (Enemigo)
Jardiel tuvo una opinión bastante mala de la capacidad crítica de «Azorín» y mucho peor de sus habilidades dramáticas en las obras experimentales que escribió. Jardiel afirmó que el famoso prosista carecía de toda cualidad e intuición teatral:
«Él mismo confiesa que en Teatro no se ha hecho nada en el mundo, fuera de Hedda Gabler, de Ibsen; por cuanto que para él Shakespeare es malo, y a Schiller no hay que tenerle en cuenta, y Lope y Calderón no existen.»
Recuerda, además, que «Azorín» no dudó en criticar a Muñoz Seca y luego colaborar con él, para obetener los seguros beneficios económicos que las comedias de Muñoz Seca producían.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET (Amigo)
A José Ortega y Gasset le consideraba una mente madura de pensador, conocedor de muchas disciplinas, incitador y sugeridor de multitud de temas de interés sobre la estética de su tiempo.
De hecho la base de su nuevo humor la va a proporcionar Ortega y Gasset, «el pensador más intenso», en sus propias palabras. Las obras del filósofo eran los más manoseados de sus libros y sus márgenes se encontraban llenos de anotaciones. Cualquier análisis crítico de la obra jardielesca remite de inmediato al concepto de «deshumanización del arte» orteguiano y al sentido lúdico de la nueva literatura. Coincide asimismo con las otras definiciones de Ortega sobre la artificialidad del arte nuevo, la noción del arte por el arte, lo esencial de la ironía, su falta de trascendencia y, en general, los postulados que el pensador menciona en su ensayo La deshumanización del arte e ideas sobre la novela.
GREGORIO MARAÑÓN (Enemigo)
Ejemplo de sus fobias literarias es Gregorio Marañón, cuyas teorías psicológicas (como la famosa homosexualidad del personaje de Don Juan, que tanto revuelo armó en su momento) no comparte en absoluto. En un gracioso cuento relata cómo su novia, enloquecida por el afán de lujo y riqueza, justificaba su actitud diciendo que, según una teoría de Marañón, las mujeres buscan al hombre rico de manera inconsciente y pensando en los hijos futuros, en su bienestar y comodidad. Consecuentemente, ella decide abandonarle, para encontrar a un hombre con más riquezas que él:
«He protestado, he llorado, me he arrastrado a sus plantas desde entonces. Le he suplicado que vuelva a ser la muchacha sencilla de antes. Todo es inútil. Su réplica es siempre la misma:
–Pienso en mis hijos. Las mujeres siempre pensamos en los hijos, Federico. Lo dice Marañón.
Y yo voy hacia la ruina económica y sentimental, y Marañón sigue ganando honra y provecho. Es indignante.»
A Jardiel le parece que Marañón ha conseguido su fama de escritor con muy pocos méritos o entrando en el mundo por las letras por la puerta de atrás y, en varias ocasiones, le hace objeto de sus burlas. Dedica una de sus novelas «a mi admirado Gregorio, que tanto entiende de estas cosas», explicando a continuación :
«Al decir «a mi admirado Gregorio», me refiero al ilustre doctor D. Gregorio Marañón, a quien ni siquiera conozco, con el que no he cruzado en mi vida ni una carta. Pero como no hay un sólo español que presuma de intelectual que no hable de Marañón como de un compañero de juegos infantiles, yo me he creído también en el caso de demostrar mi confianza con el famoso médico para que nadie dude que pertenezco a la falange intelectual española. »
RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA (Amigo)
En cuanto a la relación de Ramón y Jardiel, la admiración fue mutua y estuvieron siempre en contacto directo o por carta. Ramón procuraba retenerle en su Cripta de Pombo y fue él quien recomendó su nombre a Ruiz-Castillo, de Biblioteca Nueva, donde se publicarían sus novelas. Jardiel, por su parte, en todas las ocasiones pregonó la maestría de Ramón. Años más tarde, en 1936, fue jurado del premio literario Mariano de Cavia. Cuando supo que Ramón se presentaba, emitió su voto de forma irrevocable, pues consideraba que ningún otro escritor español lo merecía más que él. Sin embargo, tras dar su opinión, hubo de marchar a París por un tiempo, para realizar algunos trabajos. A su regreso se encontró con que el premio se lo habían dado a José María Pemán (Pelmán, como le llamaba él). Nunca más participó, ni directa ni indirectamente, en un premio literario oficial.
SERAFÍN Y JOAQUÍN ÁLVAREZ QUINTERO (Enemigos)
De Serafín y Joaquín Álvarez Quintero dijo que eran como Dios: estaban en todas partes. Reconocía que habían creado un teatro propio, jugoso, ingenioso, brillante y personal, aunque en sus obras había siempre una niña andaluza que reía y cantaba en los primeros actos, que luego lloraba y que, al final, volvía a reír. O sea, que se dedicaba a satirizar el estilo de los dos hermanos, que representaban el tipo de teatro populista que Jardiel intentó arrinconar.
CARLOS ARNICHES (Amigo)
Carlos Arniches le merecía un gran respeto, por haber creado la «tragedia grotesca», género cómico-trágico «de calidad suprema», en el que se acumulan todas las perfecciones que en su creación puede acumular un creador. Ambos tuvieron una relación cordial y su amistad le permitió a Jardiel bromear con la expresión excesivamente severa del rostro del alicantino:
«¡Le ríe el alma a este hombre!» –he oído siempre yo
al ocupar mi sitio en las noches de estreno.
¡Le ríe el alma a este hombre! Le ríe el alma... Bueno.
Debe reírle el alma, porque la cara, no.
EDUARDO MARQUINA (Enemigo)
Eduardo Marquina, el poeta y dramaturgo modernista, tampoco parecía agradar mucho a nuestro autor. Le presenta en su novela La «tournée» de Dios intentando colocarle sus versos a todo el mundo en cualquier ocasión posible y empleando sus contactos en las altas esferas para conseguir aplauso y reconocimiento. Finalmente, sus esfuerzos producen resultados y consigue recitar sus versos ante el mismo Dios, que se encuentra de visita por España.
En la velada teatral donde leyó versos Marquina, cuando el poeta concluyó su recital, Dios se volvió hacia el Nuncio, que se hallaba detrás de él, de pie en el fondo del palco, para preguntarle: «–Y este Marquina, ¿a qué se dedica?»
GREGORIO MARTÍNEZ SIERRA (Amigo)
Tuvo siempre muy buena opinión de Gregorio Martínez Sierra, cuyos juicios estéticos solicitó varias veces y con quien compartió aventuras en Hollywood.
MANUEL LINARES RIVAS (Enemigo)
Este señor era para Jardiel el prototipo del escritor segundón que imitando a otros de fama (Benavente en este caso) consigue ganar dinero sin preocuparse en absoluto de introducir ningún elemento nuevo en su producción.
ENRIQUE GARCÍA ÁLVAREZ (Amigo)
Jardiel paga una deuda de gratitud con una figura que, aunque famosa en un tiempo, empezaba ya a estar algo olvidada: el comediógrafo Enrique García Álvarez, el verdadero creador del «astracán», el único español de la época que, en su entender, había rozado en su género varias veces lo genial. Afirma que García Álvarez había creado un teatro cómico violento, grotesco, fantástico, maravillosamente disparatado, sin antecedentes dentro ni fuera de nuestro país.
ANTONIO MACHADO (Amigo)
El poeta fue su vecino en uno de sus domicilios, cuando Jardiel empezaba a escribir. Don Antonio animó a Jardiel en su carrera literaria y le dio sabios consejos.
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ (Enemigo)
Refiere que en su juventud escuchó una opinión bastante estúpida de Wenceslao Fernández Flórez, quien afirmaba que para ser humorista en España había que ser gallego.
«En un principio, esto me aterró, pues ya he dicho que soy madrileño. «¡Dios mío! –gemía angustiado–, ¿por qué no me hiciste nacer en Galicia? ¿No comprendías con tu suprema sapiencia que haciéndome nacer en Castilla me chafabas para siempre el porvenir artístico?»
En general, creía que la obra de Flórez carecía de gracia y que el título de humorista no se le podía adjudicar con justicia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
DANOS TU OPINIÓN SOBRE ESTA PÁGINA Y SUGERENCIAS PARA MEJORARLA